martes, 10 de octubre de 2017

Ultras, fascistas y Pablo Casado

ULTRAS, FASCISTAS Y PABLO CASADO

El término ultra saltó de los estadios a la calle. La equidistancia escorada a la derecha sabe trabajar la opinión pública. Igualar, equiparar a asesinos con quien les hace frente. ULTRAderecha contra ULTRAizquierda. Los extremos se tocan. Repetir una mentira mil veces no la convierte en verdad pero se asume como tal. Así que, cuando los “pollos” vuelan libres y los taxis se quedan sin plaza, a la opinión pública le cuesta pronunciar la palabra fascista. Son ultras, y los ultras, ya se sabe, son igual de malos los unos que las otras.

Pero la realidad es tozuda. Se puede mentir a uno toda la vida y  o a todas durante un rato, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo. En las últimas semanas ocultar el hedor es imposible a no ser que vivas entre la mierda, a no ser que seas tan fascista como ellos. No es una cuestión de Catalunya. No es una cuestión del independentismo contra ese ente salido del sueño del dictador. Es el falangismo que ve tambalearse el sistema en el que estaba tan cómodo y despierta.

Ayer fascistas reventaron cabezas en Valencia, curiosamente se vieron pocas banderas del aguilucho, quizá porque saben que eso no vende, son sólo “españoles de bien”, y eso es lo que da miedo, pensar que pueda haber una gran mayoría de “españoles de bien”.

No es tiempo de equidistancias. Es la libertad, estúpido. Nos jugamos el futuro, nosotras y vosotras. Desde el Estado, desde el poder lo tienen claro, y ayer lo dejó claro su vocero amenaza en boca. Primero recordando penas sumarísimas a dirigentes que fueron elegidos democráticamente, después recordando que, gracias a las equidistancias, el Estado tiene una herramienta fantástica para su demofobia. Porque sí, porque cuando se aprobó la Ley de Partidos la aprobaron para los malos muy malos, no iba con vosotras. Ahora dice Pablo Casado que el PP no ve con malos ojos ampliar la casuística a los partidos independentistas, y claro, puede que sigas pidiendo diálogo, que no va con vosotras. Mañana la ampliarán a aquellas ideologías que ponen en riesgo el marco de convivencia y unidad del Estado, y ahí, ahí ya estaréis vosotras, pero no os quedará quien os apoye.

Podemos seguir rasgándonos las vestiduras cuando el fascio toma las calles, o podemos combatirlo desde todos los frentes, y eso incluye apoyar a quienes ponen en cuestión la comodidad del Régimen. Eso incluye ponerse del lado de Catalunya en estos momentos, porque la solidaridad es la ternura de los pueblos, y ésta es la primera batalla, mañana puedes ser tú.


Pero si cuestionable es la equidistancia, miedo dan quienes coquetean y hacen el caldo gordo al fascismo, quien alimenta a la víbora no puede pensar que ésta no le va a morder. Utilizar a ese fascismo como arma de choque para que hagan el trabajo sucio y creer que éste no se cobrará un precio es ingenuo a la vez que peligroso. Eso es el Partido Popular, un CEDA moderno, plagado de herederos del franquismo, que coquetea insistentemente con el mismo, creyéndose capaces de controlarlo, de usarlo, aunque para ello deba mantener a ese fascismo con unas cuotas de poder muy peligrosas. Pero no todos son fascistas, no puedo creerlo. Gil Robles, que jugó y apoyó políticas fascistas, llegado el día vio recompensada su fidelidad con la persecución y el exilio. Harían bien, algunos como Maroto, en poner sus barbas a remojo.