lunes, 16 de octubre de 2017

Arde Galiza

ARDE GALIZA
Arde Galicia co lume forestal,
tamén arden os teus ollos con pupilas de metal
(Galicia, sitio distinto. Os Resentidos 1986)

Pues sí, ahora que está ardiendo Galiza por los cuatros costados no está de más recordar que ya ardía cuando pocos habían oído hablar del Cambio Climático. Cuando lo que se llevaba era la Guerra Fría. Cuando Krikaliov aún no había subido a la MIR como soviético y descendido como ruso. Sí, Galiza ya ardía entonces, aunque nunca ocupara las portadas fuera de Galiza. Desde 1976 ha ardido el 56% de la superficie, algunas zonas han ardido todos los años desde que yo tengo uso de razón. Pero casi nunca han requerido la atención del Reino. Por cierto, y como curiosidad, más de la mitad de las hectáreas quemadas en este tiempo han sido en la provincia de Ourense (Terra da chispa, carallo), la que no tiene mar, ni marisco, por comentar.

Pasé las vacaciones, puentes y fiestas de guardar a caballo de dos aldeas ourensans, las de mis padres, Sobradelo, parroquia de San Román de Sobradelo, ayuntamiento de Xunqueira d´Ambia y Torneiros, parroquia de Río Caldo, ayuntamiento de Lobios. Hoy, en sus cercanías hay decenas de incendios incontrolados. En más de una ocasión mis padres me levantaron de la siesta con el fuego a unos pocos metros de su casa. Éramos la última casa a los pies “da Pinzeira”. Fueron muchas las veces que, siendo ya adolescente, tocó coger una “xesta” (hoy descubro que en castellano se llama retama negra) y un caldero e ir a colaborar para detener el fuego. No eran pocos los días en que, mientras jugábamos, veíamos caer pequeñas volutas de ceniza y automáticamente buscábamos el humo en los montes de alrededor, hacia Poedo, hacia la Limia, hacia Vilar de Barrio, hacia San Mamede. Por la noche era más sencillo, las llamas rojas nos atrapaban, muchas veces podías contar decenas de focos.

Nunca os lo he contado, pero mi tío-abuelo era “do rural” que es como acostumbran a llamar en Galiza a quienes viven o sobreviven del y en el agro. Minifundista, como todos, hasta que llegó “la parcelaria” allá por los 90 y reunificó la hectárea escasa de su propiedad. Lo que era reunificable, que en Galiza no sobra la tierra llana. Tenía 5 vacas, cuatro para la yunta, y la quinta descansando para parir un ternero que era su mayor ingreso anual, si nacía. Sí, a muchas partes de Galiza no llegaron los tractores hasta hace bien poco y se araba con vacas, y se transportaban en carros de esos que rechinaban. Los caminos en mi infancia los recuerdo abiertos, con zarzas en los bordes de los que extraíamos las moras. Con fuentes y manantiales que te obligaban, en pleno agosto, a caminar de piedra en piedra para no quedar anegado en el barrizal.

Llegó la UE. Llegó la cuota láctea, y a mi tio-abuelo le mataron las vacas. Poco importó que él no vendiera leche, los que mandan hablaban de “cabezas” no de ubres. Cómo mi tío, muchos paisanos. Las tierras más allá de “a Veiga” (Laguna de Antela) sin vacas para arar, y sin ganado que pastar, dejaron de tener tránsito. Por no hablar del despoblamiento continúo y el envejecimiento. Los caminos se fueron cerraron al mismo tiempo que los manantiales se secaban, que el riego indiscriminado vaciaba de agua la Laguna, y la lluvia desaparecía en la costa.

Mi tío-abuelo tuvo que buscar ingresos alternativos. Se formaron entonces las cuadrillas contraincendios. Y así lo veíamos partir casi todos los días, en aquellos viejos Land Rover, con un buzo ocre por un medio xornal. Volvían de negro tizón. Ardía Galiza cómo hoy arde. A las hectáreas de carballeira y castiñeiras las sustituían otras de eucaliptus, que te permitían respirar mejor cuando te acatarrabas. Los incendios también limpiaban los caminos. ¡Qué cosas! Y así, trabajo no les faltaba a las cuadrillas.


Eran incendios silenciosos, siempre acallados. Yo volvía a Gasteiz, y me preguntaba cómo era posible que sólo ardiera Galiza de aquella forma. Ninguna otra zona del Cantábrico ardía así, aunque ahora parece el fuego también está llegando a Asturies, será que ya no hay mineros, ni industria, ni… Hoy me vuelven todos aquellos recuerdos. Arde el Xurés, arde Baños de Molgas, Arde Vilar de Barrio, y a mí me dan ganas de quemar, pero me callaré, que ya sabemos que no debemos hacer política con los incendios. Hacer negocio es otra cosa, que es el Capitalismo, estúpido. 

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