lunes, 20 de marzo de 2017

Prohibir las misas

PROHIBIR LAS MISAS

La que se ha liado por decir que no deberían retrasmitirse misas en la televisión pública. Y yo que quería ir más allá. Pues nada, aquí os dejo un diálogo presente en una novela que jamás verá la luz y que creo que puede ser interesante para ver por qué no podemos respetar, como ellos quieren, a quien se declara religioso.

Jon Salazar; Nadie puede acabar con las creencias, con la fe de otras personas. Tampoco se puede terminar con el amigo invisible de tu hijo. No, no se trata de terminar con las creencias y las fantasías. Dios por sí mismo no es malo, como no es malo ningún amigo invisible. Puede ser un apoyo para afrontar la vida. Creer que hay alguien que vela por nosotros. Alguien a quien contarle nuestros problemas. Incluso he de reconocer que, ahora que tengo a la Parca tan cerca, envidio en cierto modo a quienes creen que les espera algo después. El problema no está en las creencias personales e individuales. El problema radica en que confundimos esas creencias con la religión y lo que implica. El problema está cuando esa religión no se conforma con normativizar a sus creyentes sino que todas, todas las religiones, aspiran a convertir a toda la humanidad y hacer un mundo a imagen y semejanza de sus creencias. Eso es hacer política, eso es inmiscuirse en la vida pública. Ahí reside el conflicto, ninguna religión se circunscribe al ámbito privado.
Dice usted que la religión, al menos la cristiana, ha perdido poder. ¡Y menos mal! Diría yo. Pero lo que antes hacía sin reparos, ahora es más sibilino. Aunque cabe recordar que la cabeza de este Imperio, los EEUU, mantienen como lema “In God we trust”
Pero sí, es cierto que en la actualidad no existen estados teocráticos cristianos, o al menos no entre los de las potencias occidentales. Sin embargo, la religión sigue gobernándolo todo, aunque, allí donde ya no pueden imponer, lo sigan haciendo bajo la máscara de la defensa de sus derechos. La libertad de culto se convierte, por arte de magia, en imposición religiosa.
Todo se reduce al comienzo de ésta charla, cuando yo le decía que estamos tan imbuidos por el cristianismo que no somos conscientes de ello. No somos conscientes de que nuestro calendario es una imposición religosa. No nos damos cuenta de que, en realidad, cuando prohibimos el nudismo en una playa por respeto hacia quienes lo ven como un acto pecaminoso, de facto, estamos claudicando en favor de la moral cristiana frente al derecho y la libertad individual y colectiva. Por no hablar de cómo se legisla en contra de los derechos de las mujeres sobre sus propios cuerpos, o cómo se obstaculiza y se niega el derecho a ser seres humanos iguales a quien no entra en la norma heterosexual y patriarcal.

Periodista; Aun aceptando lo que dice, no cree que comete un error al equiparar a todas las religiones. No cree que existe una diferencia sustancial entre los países de tradición cristiana y los estados musulmanes, por ejemplo. No cree que gozamos de mayor libertad en los primeros.

Jon Salazar; Mire, la primera derrota de la sociedad ante el poder, sea éste religioso, político o militar ha sido perder el lenguaje. Me pregunta si gozamos de mayor libertad. ¿En serio se puede graduar la libertad? Mayor, menor grado de libertad. No, me niego. La libertad es el estado natural de cualquier ser. O se es libre o se está preso. Y no, no creo que vivamos en una sociedad libre, quizás a nosotros nos dejen salir al patio, y otros vivan toda su vida confinados y en aislamiento, pero eso no nos hace menos reos. Y mientras no exista un solo hombre, una sola mujer libre de verdad, la propia libertad será una quimera.

Necesitamos desnudarnos y librarnos de todas las cadenas que nos atan para volver a ser seres humanos, para volver a entender el sentido de la libertad, si es que en algún momento hemos conocido su significado. Y para ello, uno de los primeros pasos es librarnos de las religiones, que no de las creencias. La religión, como organización social, es un cáncer a extirpar. Y ahí entra la necesidad de acabar con los centros de culto colectivo, porque es ahí desde donde se crea una conciencia colectiva y coercitiva. Es simple cuestión de supervivencia.