jueves, 7 de septiembre de 2017

No habrá referéndum

NO HABRÁ REFERÉNDUM
Recuerdo que van a hacer 10 años que me embarqué en este proyecto político. Recuerdo que entonces, al poco tiempo de echar a andar, en una conversación informal con Oskar Matute después de una reunión, le comenté que antes de que en EH se dieran las condiciones para plantear un proceso hacia la independencia serían los catalanes quienes la declararían de forma unilateral. También dije en aquella conversación que la respuesta española sería contundente. Ojalá me equivoque, pero el caso es que ayer el Parlament dio luz verde a la Ley del Referéndum, y la respuesta del Estado no se está haciendo esperar.

Desde hace unos días a través de las redes y de los propios medios de comunicación se vienen lanzando advertencias a quien las quiera entender. Empezaron por desenterrar el antecedente republicano, recordándonos cómo terminó todo en 1934. 46 muertos y todo el Govern entre rejas, recordaba ayer mismo en un titular siniestro “El Confidencial”. Y no fueron pocos, políticos del PP incluidos, los que se dedicaron a difundir una imagen de la declaración de Estado de Guerra en Catalunya dictada por el Ministerio  de la Guerra (sin los maquillajes actuales que esconden para que se tiene un ejército).

Pero si en la previa ya se estaba elevando el tono de los mensajes, desde que se inició el debate de la Ley, estos llegaron a la estratosfera. De forma más sibilina o más directa, las amenazas a través de las redes, en ruedas de prensa o en forma de titular se van encaminando hacia justificar cualquier acción para frenar el derecho democrático de un pueblo a decidir su futuro. Mientras, a la Guardia Civil en Catalunya les retiran permisos y les mandan a vigilar una imprenta donde podrían estar preparando… ¡Papeletas! Por no obviar que hace tiempo que la población de blindados aumentó de forma considerable en la base militar del Bruch.

Llamadme catastrofista, pesimista, pero así lo veo. En breve el Tribunal Constitucional dictará que lo aprobado ayer en el Parlament y todo cuanto pueda venir referente al proceso de desanexión es ilegal y los anulará. Se dictarán condenas penales contra los y las miembros de la Mesa del Parlament y muy probablemente, ante la desobediencia del Legislativo catalán, la suspensión de la autonomía catalana. Imagino que la respuesta del pueblo catalán no se hará esperar y tomarán una vez más las calles. Si les dan tiempo, supongo, que crearan una Asamblea Constituyente paralela que será la encargada de declarar la Independencia de manera unilateral. Tampoco tendremos que esperar para ver la militarización de las calles. Y todo antes de que una sola urna sea colocada.

Con todo esto quiero decir que entiendo y comparto la ilusión por todo lo que se está viviendo en Catalunya. No me confunden, ni engañan los pseudodemócratas que gobiernan el Reino intentando convencerme de que votar es una dictadura y amenazar con el ejército un ejercicio democrático. Tampoco va a menguar mi apoyo y solidaridad para con Catalunya. Pero no puedo compartir el ambiente de algarabía generalizada que veo a mi alrededor. Al contrario, empieza a preocuparme seriamente que nadie se haya puesto en lo peor. Que no tengamos respuesta.

Escucho demasiado eso de que “no se atreverán” o aquello de “si lo hacen habrán perdido”. “Venceréis pero no convenceréis” dijo Miguel de Unamuno y fueron 40 años de dictadura y 40 de prórroga. “La comunidad internacional no lo permitirá”, y seguramente haya declaraciones airadas contra los desmanes totalitarios de Madrid, tan duros como los que recibe de vez en cuando Mr. Erdogán. Incluso sanciones, como las que acumula en un cajón el Gobierno del Reino de España por incumplir los Derechos Humanos.


Sinceramente, echo en falta que además de soñar con estar como “observadores internacionales” en un día que podría ser histórico para Catalunya y para el resto de pueblos peninsulares, nos preparásemos para ir de escudos, para estar en las calles de Catalunya haciendo frente, hombro con hombro, a la respuesta estatal. Echo a faltar no infravalorar la estupidez que caracteriza a los gobiernos históricos del Reino. Echo a faltar que nos preparemos para lo peor.