jueves, 19 de mayo de 2016

Rosell y el siglo XIX

ROSELL Y EL SIGLO XIX

            La estupidez y el poder son un coctel altamente inestable y peligroso cuando ambas se concentran en una sola persona. Si además la saturación es tan alta como la que podemos encontrar en el jefe del empresariado español las “perlas” que salen por su boca no tendrán desperdicio. Frases que insultan a la inteligencia y sobre todo a la clase trabajadora. Sin embargo, estas estupideces no tendrían importancia si fueran pronunciadas por un parroquiano sentado en barra con un txikito en la mano. El problema viene cuando quien lo pronuncia es el Presidente de la mayor asociación empresarial, uno de los principales lobbys de presión, y un agente que marca las políticas del Estado.

            Pero el Sr. Rosell, no nos engañemos, no da puntada sin hilo. Todos sus dardos van dirigidos, bien dirigidos, y su dirección es esa que nos está llevando hacia el nuevo modelo de esclavos del siglo XXI, la esclavitud 2.0, que cómo ya escribí en un post anterior ni siquiera cubre techo y comida como hacía en otras épocas. El futuro según Rosell y el empresariado en general pasa por la aceptación de que el trabajo es el motivo de la vida, y nuestra vida ha de estar supeditada al trabajo, y no hablamos del concepto abstracto de la vida sino directamente nuestro derecho a vivir, y sino démosles tiempo y verán como nuestros derechos básicos se convierten en caridad del poderoso, de la piedad del mismo.

            Estamos en una guerra y estamos siendo masacradas mientras nos retiramos de la batalla, y salvo algunos escarceos nada indica que exista una verdadera línea del frente. La lucha es multidimesional pero parece que no queremos enterarnos y nos enfrascamos en nuestras batallas personales, y sin organización no hay victoria. Terminaremos en el siglo XIX como dice el Sr Rosell, en jornadas de 16 horas, sin derechos ni techos, y no es demagogia sino trayectoria salvo que hagamos algo.


            No tenemos tiempo para tonterías y discusiones teórico-filosóficas o quizás el tiempo de la revolución nos pille en una reunión. La guerra social se libra en todos los frentes y no se gana en unas elecciones, pero tampoco con movimientos sociales endogámicos, reflexivos y políticamente correctos. O todas a una, o seremos individuos libres para elegir el color de nuestras cadenas. Hay que asaltar las instituciones, pero también el poder, el poder económico, productivo, la autoridad… etc. Y es que lo uno sin lo otro jamás será efectivo. Es necesario organizar la lucha de resistencia ante las agresiones, como es imprescindible elaborar y atacar alternativas económicas y sociales desde la base. Algunas experiencias ya tenemos, bancas éticas, cooperativas energéticas, comercios de cercanía  y tantas otras, pero también algunas más radicales como la ocupación de viviendas y barrios para generar espacios libres, expropiaciones de empresas. Y sí, hacen falta las instituciones, pero no para gestionar las migajas sino para dar cobertura legal a estos proyectos alternativos. Para ir creando las condiciones idóneas donde estos nuevos proyectos sean preponderantes. No se trata de contraponer al esclavismo 2.0 un reformismo más o menos radical, sino generar un nuevo modelo que contraponer al actual donde el lema punk de los 70 tiene más sentido que nunca: “No future”