miércoles, 6 de julio de 2016

Es el momento de los pueblos?

¿ES EL MOMENTO DE LOS PUEBLOS?

            Que el ser humano es un animal social no creo que lo ponga en duda nadie. El individuo en soledad no garantiza su supervivencia y por tanto necesita de lo colectivo para sobrevivir, por ello son aún más absurdas las teorías económicas individualistas imperantes, sobre todo si tenemos en cuenta que el dinero no se come, y calienta más bien poco. Esta realidad, la de la manada reconvertida en sociedad para diferenciarnos del resto de animales, sigue marcando el desarrollo del ser humano. De manera que, a veces, es más sencillo entender algunas reacciones humanas si nos alejamos de la complejidad moderna y las pensamos en términos mucho más intuitivos, mucho más primitivos, mucho más instintivos.
            De un tiempo a esta parte, para zozobra del neoliberalismo imperante y del unionismo radical español, los sentimientos nacionalistas, secesionistas, soberanistas… etc, están aumentando a marchas forzadas en el corazón de Europa. Diversas son sus credenciales, sus ideologías, y sus raíces, desde el movimiento más identitario y sectario de la ultraderecha ideológica que avanza cual mancha de aceite;  hasta los movimientos más enraizados en el pueblo, en lo común, como podría ser ejemplo buena parte del movimiento independentista catalán con las CUP como mejor ejemplo de ese sentimiento arraigado y plural. Aunque las consecuencias de este crecimiento aún no se han visto reflejado en el nacimiento de nuevos estados, el BREXIT y el referéndum escoces son buena muestra de ello. No es difícil encontrar menciones a la “espiral nacionalista” en los diferentes análisis que se han realizado a raíz del abandono británico de la UE. Pero lo que parecen querernos vender como una nueva tormenta de verano, que surge de la nada, no es más que una reacción lógica de autodefensa social.
            Como decía, el ser humano, como ser social recurre a la seguridad de la “manada” cuando se ve en peligro. Es una reacción instintiva. Familia, amigos, la tribu en definitiva. La primavera, el aumento de los pastos, del alimento, facilita la colonización de nuevas tierras, nuevos proyectos, pero cuando el invierno se acerca y los ataques de los depredadores bajan de las montañas con las primeras nevadas y  se hacen más y más constantes la manada se replegará sobre sí misma, buscando la seguridad de lo conocido, del grupo.

            Esa misma lectura puede hacerse del comportamiento humano. Mientras cuando la economía crecía, el individualismo, los proyectos fuera del grupo, el abandono de las causas comunes se hacían norma, sin que nadie, o pocos, fueran conscientes de peligro alguno. La llegada de la crisis y los ataques constantes que estamos sufriendo por parte de los grandes depredadores, los especuladores, las multinacionales, los poderes económicos, nos están haciendo ver que no podemos sobrevivir en soledad, que las grandes instituciones alejadas del pueblo no pueden dar respuesta a nuestra necesidad de control, de seguridad, de futuro, y volvemos a lo nuestro, a lo cercano, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestras vecinas. Lo llamarán espiral nacionalista, pero no es sino un regreso a la manada, y los lobos tiemblan. Porque a los lobos les da miedo la soberanía popular, les da miedo perder el control, y saben que es más fácil controlarnos desde instituciones lejanas, ajenas al día a día que tener que hacer frente a centenares de pueblos soberanos. Cómo escribí recientemente; ¡Abajo el Estado! Pero si tengo que elegir, mejor cientos pequeños que uno solo, todopoderoso y alejado de todo control.