martes, 12 de julio de 2016

El banquillo de César

EL BANQUILLO DE CESAR

            Mientras desayuno leo mi horóscopo sin atragantarme. Dice no sé qué sobre que tenga cuidado con mi vida pública y me pregunto sin querer dónde quedó la privacidad desde el nacimiento de las redes sociales. ¿Dónde dejamos el celo por nuestra privacidad cuando colgamos fotos desde nuestro propio baño a diario? Vida pública-vida privada, la línea que las separa es tan delgada en la actualidad que casi es absurdo intentar hacer una delimitación. Realmente, sin ser un hacker fogueado, cualquier persona con unas simples búsquedas en google puede encontrar situaciones socialmente comprometidas de cualquier otra. Así es nuestra vida en éste Gran Hermano.
            A todo esto hay que añadir que los barrotes, antes dorados y ahora llenos de herrumbre, empiezan a quedar al descubierto. Pasados los efectos alucinógenos que produjo el espejismo especulativo de finales de los 90 que finalizó de forma brusca en 2007, el Estado, los Estados se muestran celosos de su control social al servicio del Capital. Las medidas de represión se endurecen sazonadas con miedo. Receta tan antigua como la sociedad. Un grupo asustado se somete de mejor grado al control y la represión. Terror, bombas, asesinatos, enfermedades, todo vale. Cuanto mayor sea el miedo inoculado mayor será la aceptación social a las medidas de control. Y ya tenemos el cocktail perfecto.
            Ha crecido el control del Estado sobre nuestras vidas al mismo tiempo que nosotras dejamos nuestras vidas desnudas en la red, expuestas, sin temor. 2+2=4. Adicionemos a la ecuación un Gobierno protofascista y nacionalcatólico y tendrán la “España es Idiota” de los Def con Dos. No nos sorprendamos pues de que día sí y día también, el Estado se empeñe en demostrarnos que nos persigue ideológicamente a través de las redes sociales. Lo sabíamos incluso cuando éstas no existían y se descubrían micrófonos en tabernas, o cuando algunos tenían que quitar la batería de sus móviles antes de entrar en una reunión. Lo sabíamos y pensábamos que no nos hacían caso, cuando la realidad es que son muchos, más de 8 millones, los que aplauden esas prácticas, tal y como hemos podido comprobar cuando se han descubierto las conversaciones del Ministro del Interior y su Ángel de la Guarda.
            Hoy vuelven a humear las “redes” porque la Audiencia Nacional, sí, la heredera del TOP franquista, juzga a César Strawberry por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas, pero humean siempre del mismo lado, del reprimido, mientras más de 8 millones aplauden con las orejas. Aplauden operaciones araña que condenan a jóvenes a más de dos años de cárcel por un tweet mientras los ladrones siguen apareciendo en listas electorales. Persiguen a quienes critican a los toreros. Persiguen a quien disiente en la red, mientras aguantamos amenazas de los suyos a todas horas. Pero esa es la sociedad que tenemos, y entre los que no se la creen, los que callan y los que prefieren la comodidad del esclavo, 8 millones son más que 39, y vuelve a resonar en mi cabeza, por enésima vez en pocos meses, las palabras de Castelao; “Para que alguna vez Hespaña sea roja, laica y republicana tendrá que estar rota”.

            Hoy César Strawberry está en el banquillo, pero tranquilos, el campo ya está saturado de titulares llenando cárceles de presos políticos que no existen. Ya lo decía Francisco F cuando describía a los Maquis como bandoleros y ladrones. España siempre ha sido una tumba de gran placidez.