viernes, 17 de junio de 2016

Brexit; Europa ante su espejo

BREXIT; EUROPA ANTE SU ESPEJO

            Vivimos en una sociedad Pop, donde todo ha de ser inmediato, comida, información, reflexión… por eso matamos la filosofía, por eso olvidamos la historia y pensamos que somos fruto únicamente del presente, como si las sociedades, las realidades cotidianas no estuvieran influenciadas por los recuerdos del pasado, como si cada amanecer resetease nuestros recuerdos. Esa locura, esa premura que a todo nos acompaña limita nuestra capacidad de análisis, e, intentando liberarnos de lo superfluo, a veces, olvidamos lo importante.
            Leía no hace mucho que los Apollo, las naves estadounidenses que hollaron la Luna, estaban condicionadas por las calzadas romanas, ya que sus componentes fueron trasladados en tren, y estos tenían un ancho determinado por el tamaño de los ejes de los carruajes, ya que fueron los constructores de esos ejes los que, utilizando las herramientas y maquinaria a su disposición comenzaron a construir los ejes de los trenes. A su vez, estos carruajes mantenían un ancho estándar desde la vieja Europa que se desplazaba a través de las antiguas calzadas romanas y los límites de estas. Puede que todo lo anterior no sea sino una leyenda urbana, sin embargo es indudable que los sucesos del pasado, la historia y el desarrollo de los pueblos marca su presente.
            Ahora que toda Europa mira a la Pérfida Albión (término acuñado por las dos potencias continentales del medievo, Castilla y Francia para referirse a Inglaterra, su rival marítimo) “haciendo ojitos” a sus moradores para que no abandonen la Unión Económica. Los analistas económicos y políticos se rasgan las vestiduras ante las últimas encuestas que vaticinan un “au revoir” acelerado desde las islas británicas. Pero lo cierto es que Inglaterra nunca estuvo dentro de esa Unión Económica. Se limitó, como a lo largo de toda su historia, a observar desde allende el Canal las evoluciones de este nuevo intento de unificación europea, en esta ocasión sin fusiles, por medio de la economía, e Inglaterra siguió vigilante.
            Inglaterra fue/es un Imperio forjado en la Mar que siempre ha mantenido un ojo puesto en el Continente, temeroso de quien le pudiera hacer sombra. Nunca mantuvo Inglaterra alianzas únicas, y siempre, ante el posible desequilibrio europeo, ante la posibilidad de que una potencia continental pudiera romper ese equilibrio, optó por tomar parte con el débil. Así se alió con Francia contra Castilla, o con Castilla contra Napoleón, y en tiempos más recientes en un frente contra Alemania. Esa es Inglaterra, la misma que ve con recelos el proceso unificador en lo económico de esta Europa antisocial que pone en cuestión su histórica autonomía. Que incluso, ve con temor la firma de tratados como el CETA con Canadá, o el TTIP con los EEUU que chocan con su legado colonial, la Commonwealth. Porque si para la ciudadanía estos acuerdos tendrán un efecto devastador, no es menos cierto que los mismos, colocaran a la City londinense ante la disyuntiva de seguir manteniendo el rango de privilegio económico con sus antiguas colonias, o ceder ese privilegio a Bruselas y el Continente.
            A nadie tendría que sorprender por tanto que ante un eventual referéndum sobre la cuestión, la ciudadanía británica y sobre todo la inglesa apuesten por seguir como siempre, como lo hicieron sus padres, sus abuelos y los ancestros de estos, al margen de un Continente visto desde las islas más como un riesgo que como una oportunidad. Que a nadie sorprenda que su apuesta sea ultramar.

            PD:. También la historia nos puede dar una idea del porqué de ese europeísmo exaltado en Escocia. Sólo hay que revisar históricamente dónde buscó Escocia sus aliados en sus intentos de independencia de la Corona inglesa.

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