lunes, 18 de enero de 2016

Las CUP, Salvador Seguí y la Izquierda española

LAS CUP, SALVADOR SEGUÍ Y LA IZQUIERDA ESPAÑOLA

         En los últimos tiempos parece que cualquier acción o discurso que emiten las CUP catalanas deben ser analizadas, estudiadas y sobretodo destrozadas. Resulta curioso además que estas actuaciones son ensalzadas o vilipendiadas en función del gusto del analista sin tener en cuenta la realidad del partido independentista catalán. Pero aún es más curioso que si el analista es de la llamada izquierda estatal, sea cual sea la acción llevada a cabo por las CUP será negada, atacada, menospreciada e injuriada sin ningún tipo de contemplación, e incluso sin necesidad de una justificación lógica.

            En los últimos días la crítica está llegando por el gusto que tienen dirigentes de las CUP de elegir para sus citas a históricos dirigentes de la CNT y el anarcosindicalismo catalán. ¡Blasfemia! Claman. El independentismo no puede apropiarse del discurso del anarquismo, porque éste no es independentista. Es más, aseguran, NUNCA fueron independentistas. Y a mí lo que me sorprende es lo absurdo del debate. Cómo si yo no pudiera utilizar citas de Rosa de Luxemburgo por no ser alemán, o del Che por no creer en el concepto de patria.

            Argumentan entonces, quienes así critican a las CUP, que utilizar unas palabras de Salvador Seguí para justificar sus posiciones no tiene sentido, porque éste jamás apoyó la independencia de Catalunya, y por supuesto, tampoco lo hizo el anarcosindicalismo. Y pueden tener razón, no voy a ser yo quien lo contradiga, pero es que, seguidamente nos presentan a una CNT y a un movimiento Libertario en clave española y desde una visión actual que poco tiene que ver con el anarcosindicalismo de principios del siglo XX en Iberia. Y sí, hablo de Iberia de forma consciente por dos motivos, el primero por que así hablaba el anarcosindicalismo de la época, basta recordar la FAI, Federación Anarquista Ibérica que incluía en su seno a la UAP, Uniao Anarquista Portuguesa. A partir de 1926 y hasta 1938 el movimiento anarquista ibérico trabaja por una revolución social en la península, no por una España unida en lo universal como he llegado a leer a algún analista en los últimos días. El segundo, porque al contrario de lo que defiende el resto de la izquierda Pan-española, la CNT y el anarcosindicalismo de la época no defendía la indivisibilidad de España, ya que, aunque en la actualidad se tienda a olvidar, por aquella época España mantenía además de las colonias actuales, el Sahara y Guinea Ecuatorial y el anarquismo había mostrado en varias ocasiones su apoyo a los movimientos de liberación de ambas colonias. Tanto durante la revolución de Asturias del 34 como en los primeros meses de la guerra civil, la CNT quiso impulsar y apoyar a dichos movimientos para facilitar en suelo peninsular el avance de la revolución social.

            Por otro lado es cierto que la CNT y el movimiento libertario en su conjunto defendió por activa y por pasiva que ningún obrero estaba preocupado por las “luchas burguesas” de corte nacionalista, y que por tanto nunca apoyarían dichas luchas por considerar que lo primordial era la revolución social, pero de eso a interpretar que era contraria a la independencia de Catalunya y por tanto favorable a mantener el Status quo de España hay un abismo. ¿Quién puede creer que quien aspira a derrotar todo tipo de Estado sea defensor de uno u otro? Ni Catalunya, ni España, revolución social en todos los frentes. Sin embargo, sí existe una diferencia fundamental entre el movimiento libertario de principios de siglo y el actual, y esa diferencia es el pragmatismo. Si bien hay que reconocer que la CNT se mostró contraria a los movimientos nacionalistas por considerarlos claramente burgueses, no es menos cierto que en los años 30 el anarquismo llegó a contar con más del 30% de los asalariados afiliados a alguno de sus sindicatos en Cataluña, alrededor de 400.000, mientras en el resto de España su implantación era mucho más reducida, así no es difícil encontrar textos de la época en la que destacados militantes anarquistas, entre los que se encontraba Durruti, analizaba una eventual secesión de Catalunya como una oportunidad de derrocar a un Estado nuevo, débil como sería una Generalitat recién constituida, y desde ahí, contagiar la revolución social al resto de la península. En 1934 la CNT no apoyó a la Generalitat en su declaración de independencia unilateral, pero tampoco se mostró contraria a la misma. Simplemente esperó acontecimientos, ¿alguien duda que si hubiera triunfado el proceso secesionista al día siguiente hubiera estallado la revolución social?


            Con todo esto no es mi intención intentar convencer a nadie de que las CUP estén legitimadas para reivindicar la historia libertaria de Catalunya, pero lo que sí tengo claro es que tienen, al menos, tanta legitimidad para hacerlo como cualquier madrileño, andaluz o gallego, aunque sean miembros del PCE, porque, yo al menos, tengo claro que el militante comunista actual no es responsable de la actuación del Ejercito Popular en mayo de 1937. Por mi parte sólo me queda agradecer que alguien, en algún lugar, reivindique y no deje caer en el olvido el legado libertario. Salud y buen invierno.