viernes, 22 de enero de 2016

Ágora, el remake alaves

ÁGORA, EL REMAKE ALAVES

            La Diputación Foral de Araba de boca de su Diputado General se sacó de la chistera para este 2016 un proyecto de fuegos de artificio para la participación económico-social-cultural a la cual, según los medios, no faltó nadie. ¿Seguro? Quizás sí, quizás todos y todas las que recibieron la invitación acudieron a la cita, sin embargo hubo ausencias importantes, muy importantes. Fíjense, el 51% de la población alavesa son mujeres, y sin embargo el número de mujeres presentes en el sarao no llegaba al 25% ni de lejos. No fueron invitados colectivos feministas, ni colectivos LGTBI, podríamos decir, por tanto, y sin temor a equivocarme, que las conclusiones que hayan salido o salgan irán destinadas a una sociedad hetero-patriarcal y dudosamente inclusivas. Pero es que ese no era el objetivo de Ágora, trabajar con una representación de la sociedad alavesa, no, más bien, cómo titula El Correo, “Ágora reúne a la ÉLITE alavesa...” Álava no la componen sólo los que ayer se reunieron en el Artium, es más, la mayoría de la sociedad alavesa no está representada por esas personas.

            No todo es negativo sin duda, incluso reconozco muchas virtudes en el proyecto, quizá por ello creo que el problema no sea la herramienta sino quien la maneja. En Araba, le guste o no a quién ostenta el poder, la mayoría de la población es trabajadora por cuenta ajena (quien no está en paro), o falso autónomo, o regenta un pequeño negocio familiar, y esa mayoría tampoco tenía voz ayer. Es un insulto para la clase trabajadora alavesa que el señor Emilio Titos aparezca como ponente en esta cita. Pero lo es aún más si tenemos que creernos que este señor pueda ser ejemplo o modelo de algo. Recordemos que su puesto es el de Director Gerente de una de las decenas de plantas que tiene la multinacional alemana distribuidas por el mundo, que su capacidad de decisión y de innovación está subyugada totalmente a lo que ordenen desde Stuttgart y al control que de su trabajo realizan los mandos venidos desde allí. Es cómo si para hablarnos de estrategia en el fútbol el ponente fuera el utillero del Fútbol Club Barcelona. Hubiese sido mucho más interesante que ayer estuvieran representadas los y las trabajadoras de su planta, para que expliquen cómo ha influido en su vida y en sus relaciones sociales la implantación de la flexibilidad extrema. Incluso sería más interesante conocer la opinión de los cientos de trabajadores de las empresas auxiliares que también que tuvieron que asumir la flexibilidad de Mercedes sin tener las compensaciones que recibe la plantilla de la matriz. Con esto no quiero decir que cierre la puerta a la presencia del Señor Titos, sino que estoy en contra de su preponderancia frente a otras opiniones.

            Y repito que es un proyecto que puede ser interesante, pero para ello tiene que ser un espacio abierto, una plaza pública de libre acceso, y no un ámbito de participación de carnet, clase y/o simpatías. Para poner “los cimientos de una nueva Álava” no podemos hacerlo con el diseño de la vieja. No puede ser que la “nueva Álava” la vuelva a diseñar la élite, anteayer noble, ayer militar, hoy privilegiada, para que las hormigoneras, los encofrados y la construcción la haga con su sudor y su sangre esa otra Álava, la que ayer no estaba en el Artium.

            En definitiva, Ágora nace con un objetivo pretencioso, casi tan pretencioso como su nombre, que nos retrotrae a las ciudades estado griegas, a aquellas plazas, a aquellos espacios abiertos que eran centro del comercio, de la cultura y de la política de la vida social de los griegos. Lugares a los que toda la ciudadanía tenía acceso, todos salvo los esclavos, y quizás sea ese el problema, que al igual que en la antigua Grecia los esclavos no tenían consideración de ciudadano, igual es que ésta nueva Ágora está destinada a la nueva acepción de ciudadanía que el poder nos impone. Un modelo de ciudadanía con élites que merecen nuestro respeto y admiración puestos en un pedestal mientras nosotras esperamos que sus decisiones nos iluminen. Lástima que mientras esperan, sean demasiados los que escuchen cómo rugen sus tripas vacías.  Lástima que mientras la sala del Artium estaba plagada de corbatas y barbas, la realidad de la pobreza y la marginación tenga nombre de mujer. Lástima que mientras seguimos diseñando Ágoras, las plazas estén vacías de niños, niñas, risas y charlas porque el trabajo no está pensado para la vida. Y lástima, sobretodo, porque apenas había propuestas críticas ayer, ni siquiera una mención a la necesidad de poner la vida en el centro de Álava.

            Pero no me hagan caso, yo al fin y al cabo no soy parte de esa élite. “No sabes nada Jon Nieve”. Sin embargo, tengo la sensación que la “nueva Álava” no será sino un mal remake de la vieja