miércoles, 15 de abril de 2015

Frente Popular

FRENTE POPULAR

            Entre quienes albergamos el corazón a la izquierda y defendemos que nuestra sangre es roja cómo parte de nuestro ideario, a quien más y a quien menos, nombrar el Frente Popular nos retrotrae a un momento utópico e idealizado en el imaginario colectivo. La Idea de la confluencia de la izquierda, de, prácticamente, toda la izquierda, hasta el punto de que incluso la CNT-FAI emitiría en aquellas fechas un comunicado en el que por primera y última vez no animaba a la abstención activa. Esa idealización provoca que cada vez que la ciudadanía es llamada a las urnas se alcen voces recordando aquel “Frente Popular” de 1936, con la consiguiente frustración cuando, nuevamente, la izquierda se presenta entre una sopa de siglas.

            La Vida de Brian de la izquierda española parece no tener fin, y justo en este 2015, después de 8 años de salvaje estafa perpetrada por el poder económico y dirigida y orquestada por la derecha política (PsoE y PP) las divisiones y subdivisiones están provocando un mar de setas que nacen cómo partidos políticos, ¿o era al revés? Perdónenme, a veces me lío un poco. Y por supuesto, ante este nuevo llamado a las urnas, primero de una serie que nos plantará en 2016, todo el mundo vuelve a sacar a colación aquel Frente Popular, y toda fuerza nueva que se precie habla o hablará en algún momento, de confluencia, de unión, pero al día siguiente romperá puentes y amarras y anunciará su intención de alcanzar la hegemonía política.

            El nacimiento de Podemos, (sobre el que no me extenderé porque ya he escrito demasiado sobre ellos y ellas) parecía que podía provocar esa catarsis colectiva, y así, de pronto pusieron en solfa la política de “las izquierdas” con un pacto que parecía ganador y tal era su nombre “Guanyem”, de ahí a Ganemos... un paso, y en la actualidad, pues nada, otras veinte plataformas nuevas, cuarenta propuestas hegemónicas, y cien disputas Cainistas. ¿Recuerdan el Frente Popular? Pues sigan recordándolo con nostalgia porque en 2015 tampoco se le espera.

            Llegados a este punto cabe recordar que el éxito de confluencia del Frente Popular se basó en algo muy sencillo, poner sobre la mesa las coincidencias básicas y apartar momentáneamente las diferencias para ir desarrollando los debates a posteriori con tranquilidad y calma. Frente a una derecha que iba a arrasar con los pocos avances que había producido la II República, la izquierda se unió con tres simples exigencias/ofertas/compromisos; amnistía a los centenares, miles de presos políticos que poblaban los presidios,  compromiso con  las reformas del primer bienio (reforma agraria, educativa...) y compromiso con el proceso autonómico. Causas que siguen vigentes en 2015 y sobre las que debería ser sencillo llegar a acuerdos, sin embargo, el principal escollo proviene precisamente de que estos tres debates, eternamente inacabados no tienen cabida en las agendas de los partidos españoles. No se reconocen los presos políticos, tal y cómo escribo en “Unicornios enjaulados”, de forma que es imposible que aquellas formaciones e ideas que son sistemáticamente perseguidas por el Estado se sientan atraídas hacia ningún tipo de confluencia, se habla de reformas pero siempre con la boca pequeña, nunca para acabar con los terratenientes, los oligopolios, lo que excluye en buena medida a las clases populares, o con los privilegios de la Iglesia Católica, y por supuesto, España antes fascista que rota, del tema plurinacional no hablamos, y por tanto utópico el entendimiento con las izquierdas catalanas, vascas, o gallegas, mucho menos una hipotética confluencia.


            Por cierto, que aunque escueza allende el Ebro, sobre Frentes Populares quizá podamos dar alguna lección desde el norte. Lecciones sobre cómo conformar una izquierda plural que se convierta en verdadera alternativa al poder establecido. Con cientos, miles de imperfecciones, pero avanzando con paso firme. Pero claro, supongo que es mucho más sencillo seguir despedazándonos entre nosotras, buscando purismos que nos desgarren en el Circo mientras, divertidos, los césares observan, gobiernan y expolian.