viernes, 10 de abril de 2015

Dejen que los cuerpos disfruten

DEJEN QUE LOS CUERPOS DISFRUTEN


            Nueva polémica en Gasteiz, en esta ocasión por culpa de la anunciada apertura de un centro de ocio para parejas liberales en el barrio de Salburua.

            En el mes de enero los medios de comunicación alaveses se hicieron eco de la noticia, en Salburua van a inaugurar un local de ocio sexual, “Las puertas del cielo” se llamará, y claro, para seguir con la tradición de esta ciudad ya tenemos montado el circo. Decenas de vecinos de la torre donde se ubicará y  aledañas han mostrado su disconformidad con dicha apertura. Se están organizando en torno a reuniones y recogidas de firmas. Sus argumentos son de lo más variado, desde lo inadecuado de la ubicación cerca de un parque infantil, pasando por los ruidos y molestias que ocasionaran a los vecinos y viandantes. Vamos, nada nuevo bajo el sol. Quejas respetables y a tener en cuenta, sin duda, pero que esconden un total desconocimiento de la actividad, y por supuesto algo más ancestral, la reacción puritana ante cualquier cosa que destile o huela a sexo no normativo.

            Los clubs de ocio sexual no son nada nuevo y vienen funcionando en el Reino desde la muerte del Dictador, aunque bien es cierto que escasean en nuestro entorno, ¡vaya usted a saber por qué! Y de esa forma en estos momentos tan solo Bizkaia cuenta con un local abierto al público y otro, muy cerquita, en Castro Urdiales, solo para socios. Obviando esos dos, el que quiera disfrutar de otras formas de entender el sexo tendrá que desplazarse hasta Baiona (1) Zaragoza (2) Valladolid (2) Oviedo (1) Xixón (2) o Madrid (6) el listado aumenta exponencialmente cuanto más avancemos hacia Levante o hacia el sur. Aunque por curiosidad diré que si Galicia tiene una imagen de tradición y conservadurismo extremo, al menos en este ámbito no parece así ya que poseen 5 locales entre A Coruña (2) Vigo (2) y Pontevedra (1) Quizá si tenía razón Vaya Semanita cuando hablaba del conflicto vasco.

            A un club liberal acuden personas dispuestas a disfrutar de su sexualidad con mente abierta, en un entorno de libertad y con la seguridad de que en ese espacio nadie les va a juzgar ni a prejuzgar por sus gustos o prácticas, algo que SÍ harán normalmente en sus entornos cercanos. Ese es el motivo principal por el que los propios usuarios y dueños de los locales velan, y mucho, por la intimidad y la discreción. Los locales suelen disponer de un bar a la entrada, donde tomar una consumición tranquilamente mientras se charla con otros parroquianos, de acceso restringido a mayores de edad. No, no dista mucho de un pub cualquiera, nadie va desnudo, ni se producen escenas de sexo explícito sobre la barra, o al menos no muchas más de las que cualquiera puede observar un sábado a ciertas horas en los Pubs y Discotecas de la ciudad cuando el alcohol y la fiesta dan rienda suelta a la pasión. Yo diría que aún se ven menos, y con mayor gusto, por aquello de que el alcohol liga mal con las prácticas placenteras. Además, sino se quiere ver solo hay que hacer una cosa, no entrar, ya que estos locales no tienen grandes ventanales en pos, una vez más de la discreción. Es pasado el bar donde se suelen encontrar las zonas de ocio propiamente dichas, con estancias variadas generalmente insonorizadas. Les aseguro a los vecinos preocupados por el ruido que cualquier bar, pub, o degustación produce más ruidos, gritos y escándalo.


            ¿Cuáles son entonces los problemas que pueden producir a los vecinos? Quizá el principal sea que ellos y ellas sepan que ahí dentro las personas están disfrutando de sus cuerpos con total libertad, ya que ellos y ellas nunca se enterarán y se tendrán que limitar a fantasear con lo que ocurre o esperar a que alguien se lo cuente. O quizá, como me atrevo a deducir en el caso de al menos una pareja allí residente, es que son asiduos de otros locales cómo el Géminis, y tienen miedo de que un encuentro casual desvele al vecindario sus gustos. Por que si de lo que me quieren convencer es de que lo hacen por el bien de la infancia habría que preguntarse por qué nadie levantó la voz ante la apertura de un club de juego en una manzana adyacente en cuyo interior no es difícil encontrar a familias enteras tomando un pintxo un domingo al mediodía con niños ensimismados por las lucecitas de las máquinas tragaperras. O por qué permitimos que los niños y niñas correteen y jueguen en el interior de los bares, donde libremente las parejas se besan, y otros se alcoholizan. Quizás el problema mayor es que todavía no somos adultos y no hemos encontrado la forma de tratar con normalidad una faceta de nuestra vida, la sexual, y por eso nos ocultamos, nos encerramos y nos la callamos, mientras insultamos, amenazamos, golpeamos, delante de la infancia sin ningún pudor. Es mejor enseñar violencia que sexo, aunque esa criatura a la que crías, a la que quieres y a la que cuidas haya nacido de un acto húmedo, sucio y pecaminoso, de (mayoritariamente) una polla entrando y saliendo de un coño, así, con todas las letras.