lunes, 23 de abril de 2018

Elvis no nació en el Clot


ELVIS NO NACIÓ EN EL CLOT

Menos mal. Porque si aquel transportista de rasgos añiñados, nacido en la pequeña ciudad de Tupelo, en lugar de entrar a grabar en Sun-Records en 1954, llega a entrar en Hispavox, su carrera hubiera finalizado en 1958, cuando hizo su primer alegato militarista al ser alistado para participar en la Guerra de Corea. Porque sí, porque creo que nadie en su sano juicio negará que Elvis Aaron Presley ha sido, y es, uno de los cantantes más influyentes de la música anglo-sajona, pero como persona dejaba mucho que desear. Belicista, conservador hasta las trancas, homófobo, machista, prototipo capitalista… una joya. Ahora bien, negar que “Love me tender” “In the ghetto” “Jailhouse Rock” “Hound dog” y tantas y tantas otras no son grandes canciones, por el simple hecho de que el señor Elvis Aaron Presley fuera una persona de dudable honorabilidad…

Pero Elvis, por suerte, no nació en el Clot barcelonés, ni en Granada, ni siquiera en Madrid. En estos lares su carrera se hubiera ninguneado la primera vez que abriera la boca fuera de un escenario. Es el deporte preferido, la lapidación. Y aquí no hay distinción entre izquierdas y derechas, simplemente, en función de esa ideología, el objetivo de las piedras serán unos u otros artistas. Incluso, sin necesidad de ideología, simplemente basta con que este o aquella artista tenga la ocurrencia de evolucionar y cambiar su estilo. “Semos así”.

Yo conocí al Jose María Sanz, “Loquillo”, allá por 1996, en la sala Zeleste de Barna. Junto a los colegas de Correcaminos, un grupo Rockabilly de Iruña, me desplacé a la Ciudad Condal para ver a uno de los 4 hombres del millón de dólares, Carl Perkins. Mientras en el escenario sonaban The Ascetics teloneando a capella al hombre de los zapatos de gamuza azul, en la sala hicieron su aparición el Loco y Carlos Segarra. Fue mi primera y última gran decepción. Tenía frente a mí a los que eran mis dos grandes ídolos musicales de la época, y tuve la oportunidad de charlar con ellos. Bueno, en realidad no, en realidad sólo pudimos hablar con Carlos Segarra. El líder de los Rebeldes, con infinita paciencia nos permitió invitarle a una birra, y estuvimos charlando animadamente un buen rato. El gran Carlitos hasta nos sorprendió con sus pequeños conocimientos de euskera. Pero el Loco era de otra pasta. Ni nos miró. Al ver que su compañero se quedaba hablando con nosotros, él se agachó para comentar algo a Segarra y desapareció entre el público para subir a la sala VIP de la que no volvió a salir. Sería muy prepotente por mi parte pensar que aquel breve encuentro me permite valorar o juzgar a la persona, sin embargo, para mí fue un auténtico “palo” aquel, para mí, desprecio recibido, y cayó un ídolo, y me dí cuenta que todo ídolo tiene pies de barro.

“El Loco” es “el Loco”. Siempre ha sido así. Claro y conciso, y al que le guste bien y al que no, puerta. Su forma de pensar ha ido cambiando, y en mi opinión, siempre a peor. De ser aquel chico de barrio que se enorgullecía de sus raíces, de su padre represaliado por su militancia anarquista, a hacer manitas con Rivera y sus C´s. Le empecé a perder respeto como persona a mediados de los 90, pero qué quieren que les diga, la mayoría de sus discos siguen conteniendo himnos de mi juventud. El mar rompía en “el rompeolas” hasta en los bares más punk y alternativos. El “A por ellos que son pocos y cobardes” fue la banda sonora de toda una generación, incluso de aquellos que ahora lo niegan, porque mola negarlo. Porque el hombre, la persona, patina y se equivoca, y jamás tendría mi voto si diese el salto a la política. Y si fuera político le combatiría, pero no, de momento al menos, el “Loco” es cantante de Rock and Roll. Un cantante mediocre que como dice un buen amigo, es el único que es capaz de dar un concierto en el filo del “gallo” sin llegar a desafinar, pero que supo rodearse siempre de grandes músicos y compositores. Un cantante que fue pose y actitud. Un cantante que no ha de gustar a todas las personas, pero que nadie podrá, o nadie debería poder poner en duda sus éxitos musicales.

Por todo ello, yo respeto a quien critica a Jose María Sanz por sus continuas salidas de tiesto. Es más, seguramente apoye todas esas críticas. Pero no puedo soportar a quien, por esas salidas de tiesto, aprovecha para criticar y ningunear la carrera musical de Loquillo. Yo por mi parte os aseguro que seguiré saliendo a bailar cada vez que suenen los primeros compases de “Jailhouse Rock” por mucho que Elvis fuera un imperialista Yankee, machista, retrógrado y homófobo.

PD: Cómo cantaban "Bulldog" "No hay ningún ritmo en especial, que me provoque para bailar, pero si ponen un buen R&R, los pies se me disparan y ya pierdo el control" Por desgracia soy consciente de que en los últimos tiempos en "la escena Rocker" abundan los fascistas. Gente sin cerebro que asocian el Rock and Roll con la época dorada del machismo que fue la década de los 50 en los USA. Gente que se queda con la simbología más racista de la bandera sureña. Pero en esa escena también me consta que hay gentes de diferentes posturas. Y no me olvidaré jamás de Wanda Jackson, Chuck Berry, Johnny Cash, The Supremes, Little Richard... porque en el R&R tienen cabida todas, y a mi me siguen bailando los pies.