viernes, 13 de enero de 2017

Las madres del running

LAS MADRES DEL RUNNING
           
    -Siempre es la misma historia…- relata Martina a este juglar. Lleva envuelto el rostro en su característico pañuelo negro, elegido el color en contraste, precisamente, de las llamativas prendas fosforescentes de los “runners” – Empiezan con unas inofensivas carreritas, para mejorar el físico, dicen, y cuando te quieres dar cuenta ya no tienes hijo, ni hija. Viven para el triatlón. Se les va el sueldo y el tiempo en “entrenos”, viajes para competir, en ropas extramarcianas, aplicaciones para el móvil… Para controlar sus constantes y eso. Ya me entiendes.

    No tienen tiempo pa´ná más. Trabajan como burros para poder comprarse esto o aquello que les permita mejorar unos segundos en la próxima prueba. Mi Fernando, por ejemplo. Desde que empezó con esto del runner ya no vive para otra cosa. ¡Quién me lo iba a decir! –Suspira- Echo en falta verle llegar borracho y dando tumbos un sábado por la noche.

    Ya no va a la “tasca de manin” a estar con sus amigotes. Se pasa el día entrenando. Del curro al “entreno” y del “entreno” al curro. Ni reuniones sindicales, ni militancia en el partido, ni nada.

    Mi Fernando era un chico muy comprometido, sabe usté. Allá dónde había una injusticia, allá estaba él, con su megafonillo, sus pancartas, sus camisetas cutres… Claro que también me preocupaba aquello. Ya sabe, él estaba un pelín “fuertecito” y cuando había que correr delante de “la madera”… pues bueno… Por eso al principio no le di importancia cuando apareció en casa con aquellas mallas coloridas y empezó a salir a correr por las noches. Le vendrá bien, pensé, pero ahora… ¡Es que está enganchado! –Las últimas palabras surgen entre sus labios entrecortadas y los ojos se le llenan de lágrimas que enjuaga descuidadamente con un pañuelo que extrae de la bajamanga.

    De todos modos tengo que darle gracias a Dios que mi Fernando no me salió culturista como el hijo de la Puri. ¡Ella sí que lleva una cruz encima! Con tanta pastilla, compuestos proteínicos de esos… ¡Pobrecica!

     Pero, ¿sabe?, vamos a luchar, no vamos a resignarnos, que sabemos que del running también se sale. Hemos creado, con mucho esfuerzo y sacrificio, itinerarios de reinserción que funcionan muy bien. Rutas de pintxos por alde-zaharra, excursiones a las sidrerías, con sus txuletones y su txotx,… cuesta, pero hemos visto verdaderos milagros.

    De todas formas, tampoco nos olvidamos de los responsables de esta situación. ¿Quién ha metido el running en nuestros barrios? ¿Quién se beneficia de tanto sufrimiento? Porque sufren. Tendría que ver a mi Fernandito cuando llega a casa después de correr un triatlón de esos. Es como si quisieran tener una juventud dormida como en el 85. Pero aquí estaremos, de pie y con el pintxo en la mano, resistiendo lo que haga falta.


     Me despido de esta gladiadora del siglo XXI y la dejo disfrutar de su tapa de carrilleras al vino tinto mientras lee un diario generalista y no deportivo. Abandono la tasca pasando entre los leprosos de este siglo que se agolpan en el exterior, ocultándose de la lluvia entre el humo de sus cigarrillos y dejo atrás el siglo XX para caminar esquivando corredores luminosos que pasan a mi alrededor con sus mallas y zapatillas fosforitas….