viernes, 1 de junio de 2018

La sobremesa


LA SOBREMESA

La sesión de tarde del debate de la moción de censura de ayer estuvo presidida por un bolso. Un bolso no piensa. Un bolso no habla. Un bolso traslada y guarda las pertenencias. Un bolso como metáfora de todo.

Quien debiera presidir el Estado, quien era objeto de la Moción de censura, delegó en un bolso su presencia, no sabremos nunca si fue una decisión consensuada, o estamos ante una explotación del pobre bolso.

Mientras ese bolso magnánimo y estadista, escuchaba sin inmutarse los exacerbados discursos, Mariano, cual César tocando el arpa, se imbuía en una opípara comida-merienda-cena de 8 horas. Supondré que con descanso para el bocadillo tal y como estipula el Estatuto de los Trabajadores. Si comió  o no, el qué, y cuanto, lo sabremos en breve, porque para eso ha quedado buena parte del periodismo de investigación.
Junto a él debían estar varias de las cabezas más visibles del Partido Popular, entre ellas la Señora Cospedal, cuya soberbia pudimos observar anteayer en la comisión de investigación del Congreso.

Yo, que como Alonso Quijano, tengo mis neuronas afectadas por horas de lectura y cine, me los imagino en un paisaje imposible, de mesa camilla con luz tenue de 125 Voltios y rostros en penumbra enmascarados por el humo de los cigarrillos. ¡Grandes acuerdos, desacuerdos y atrocidades se planificaron sobre una servilleta de bar!

Ya sé que en el siglo XXI esta escena es improbable. Está prohibido fumar y los locales de Jazz han perdido parte de su encanto. Los modernos ya no llevan bolígrafos sino tablets, y nadie utiliza las servilletas para otro menester que no sea la razón por la que la celulosa se hizo objeto. Sin embargo, 8 horas dan para mucho. ¿Cuántos tornillos habré apretado en ese tiempo en una cadena de producción? Y no, no me creo que se pueda hablar 8 horas seguidas del tiempo y el fútbol, por mucho que ayer dimitiese Zidane, o el Athletic presentase a Berizzo. Gabarra o descenso, consejo para hacer historia en Nervión.

Pagaría por saber quién estaba al otro lado del teléfono. Quién recibió los mails que escribieron. Qué hablaron. Qué planificaron. Quizá la defensa del Rhin. Quizá la contraofensiva en Las Ardenas. Pero no es tiempo de bunkers. Lástima que no lo sabremos, aunque seguramente suframos el resultado de esta sobremesa. Desconfío de lo oscuro, lo oculto, lo silenciado, y 8 horas son mucho tiempo, a veces, incluso más que los 20 años de Gardel.

PD: Mientras Mariano comía-merendaba-cenaba-conspiraba, en redes sociales varios voceros de la ultraderecha tramontana nunca derrotada y siempre presente, recordaban al Frente Popular de 1936. Mienten. Puede que los actores guarden parecido por línea ascendente, pero 82 años de fascismo han hecho su trabajo. Ayer votaron juntos muchos diferentes, pero entre ellos no hay apenas puntos en común. Ni siquiera, como entonces, un mínimo acuerdo de amnistía, ni reforma agraria. Nada. Y al otro lado la CEDA es mucho más fuerte, Falange está representada, y su apoyo popular es muy superior. Si estos voceros nos previenen, que Dios nos pille confesadas incluso a las ateas de aquende el Ebro.

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