jueves, 15 de octubre de 2015

La casa del presidente

LA CASA DEL PRESIDENTE

            Una casa no siempre es un hogar, ni un hogar tiene por qué ser una casa. He visto hogares hechos de cartones y uralita, de esas fabricadas con amianto, y he estado en casas sin vida, vacías, construidas para el negocio, casas tristes con brillantes suelos y preciosas cortinas. Y aunque tendamos a confundir términos, todos buscamos un hogar, una vida, un recuerdo, un forjar un camino, aunque terminemos muchas veces, demasiadas veces, sin paredes y techo que nos cobijen. Pero una casa no siempre es un hogar, por muy suntuosas que sean sus paredes, por muy exageradas que sean sus medidas, por mucho que podamos llamarle Palacio de los Ajuria o Ajuria Enea.

            Me escandaliza, y no os imagináis cuanto, la frivolidad, la trivialidad con que dejamos fluir la vida, obviando lo importante por incómodo y destacando lo fútil cómo si de ello dependiera nuestra vida. Matar o morir por nuestro equipo, apartar la cara al caminar y ver la pobreza sentada en nuestras calles. Atacar al pobre, venerar al rico. Dócil y servil con el poder, combativos con quien tenemos bajo nuestro zapato. Observar el árbol mientras talan todo el bosque a nuestra espalda. Y así envejecemos y abonamos las piedras que heredaran nuestros nietos.

            Por supuesto quienes nos gobiernan, quienes nos dirigen como rebaño, no son desconocedores de esa realidad, Panem et Circenses, fútbol e intrascendencia. Y así nos enredan, de modo que el mismo día que en una de las instituciones políticas de Araba se debatía cómo solucionar el drama humano de los desahucios el Partido Popular alavés alimentaba la controversia por el deseo del Lehendakari de no habitar el Palacio vitoriano y entonces leemos El Correo, y otros medios informativos y vemos que mientras el primer debate apenas ocupa una columna gris, el segundo, se lleva dos páginas a todo color con inmensa foto de cabecera. Moción mediante, la polémica está servida y seguramente se convierta en caluroso debate de barra, alavesísmo provinciano, y absurdeces varias que cientos de cuñados se ocuparán de vendernos como tema central para Araba y Gasteiz.

            Digamos que a mí me da igual donde viva el presidente de los USA, de Reino Unido, de España o de la CAV, que me importa mucho más convertir el cartón y la uralita en edificios habitables, que nadie deba vivir en la calle, que nadie se quede fuera de la sociedad. Digamos que creo incluso que sería conveniente que quien dirige algo viva en un hogar, junto a los suyos, junto al resto de la sociedad, porque si ya de por sí el poder se aleja de la calle no entiendo que de positivo puede tener que un gobernante gobierne desde un atril, desde un templo que hay que adorar.  Que ya han existido reyes y gobiernos itinerantes, y que al pueblo no le ha ido mejor ni peor, simplemente mal como siempre pero, “Hortxe duzu fandangoa geure gustukoa”

“No es saludable estar bien adaptado a una sociedad enferma”

Krishnamurti Sabias