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jueves, 21 de junio de 2018

Jaulas en Babilonia


JAULAS EN BABILONIA

Mientras leíamos con estupor a gentuza, mucha gentuza, muchísima gentuza, cabreada por que el Estado recibía en el puerto de Valencia a poco más de 600 personas que estaban a punto de morir ahogadas en el Mediterráneo, 600 personas entre las que había más de 120 niños, nos cabreamos por que el Imperator Yankee metía en jaulas separadas de los progenitores a los niños migrantes. Ante esta salvajada (y me perdonen los salvajes que también tienen derecho a ofenderse en este siglo de la ofensa continua) la indignación ha parecido global, mayoritaria, general, adjetiven a su gusto.  
Comparaciones con el Holocausto. Trump es el diablo. Obviemos que la Ley que le permitía hacer esta locura la aprobó Bush Jr. y la mantuvo vigente el Premio Nobel de la Paz, Mr Obama. Obviemos por tanto que el problema no es Trump, que Trump es tan sólo un hijo sano del Imperio y por ende, del Capitalismo. ¡Indignaos ante el fascismo (Yankee)! Si pilla más cerca, justifiquémoslo.

Los muertos que vos matáis gozan de buena salud. Hace cuatro días que Europa entera celebraba el aniversario de la caída del III Reich, aunque ya hace tiempo que empiezan a disimular. El día de la Victoria está cambiando para convertirlo en algo más neutro, el día de Europa lo llaman. Pero no de la Península-Continente, no, del Mercado Común Europeo, ahora Unión Europea. Quien sabe, quizás porque esta Europa escorada a la ultra-derecha, se siente incómoda celebrando victorias ajenas.

Hoy Trump ha firmado un Decreto para invalidar la Ley de enjaulamiento criminal, ayer los USA abandonaron el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Otros simplemente se dedican a incumplirlos. Hoy por hoy, si la UE exigiera el cumplimiento de su carta fundacional, al menos un tercio de los Estados miembros debieran ser expulsados. Austria, Hungría, Polonia, Italia, España… Incumplen sistemáticamente esta carta. Tal es así, que Alemania y Francia van a negociar un acuerdo antimigración para que estos países se sientan cómodos. Nada nuevo. A la burguesía, al poder, le incomodan las formas fascistas, pero si les favorecen, pues nada, un poco de Vicks Vaporub bajo las napias y el olor a cadáver descompuesto huele más lejano.

Sí, ayer también me dijo una portavoz del PNV que soy un profeta del apocalipsis. No me crean a mí. Saquen sus propias conclusiones;

Son noticias de los últimos días. Recuérdenlo cuando se indignen por lo que ocurre allende el Atlántico. Recuérdenlo cuando ignoren lo que sucede alrededor. Recuérdenlo cuando se indignen por lo que pasa en su patio. Usted, que se indigna por que el Estado de asilo al Aquarius, que se queja de la migración, que ataca a los catalanes y vascos, usted también votaría a Trump si hubiera nacido en Ohio.

viernes, 20 de enero de 2017

Holocausto Trumpnival

HOLOCAUSTO TRUMPNIVAL
                                                                      
            Queridos amigüitos, hoy es el día. Todos los astros confluirán a la hora señalada, en el lugar indicado, y veréis cuatro jinetes salir al son del acordeón del nuevo César, mientras se desatan las siete plagas, la tierra se abre y lenguas de fuego caen del cielo. El olor a azufre lo impregnará todo, y sabréis entonces, queridas amigas, que vuestro fin está cerca. ¡Arrepentíos ahora o sufrid para siempre! Pues cuando escuchéis las Trumpetas será tarde. Hoy es el día del apocalipsis, hoy es el día en el que invisten a Trump en la metrópoli imperial.
            Trump, ese bocazas de piel zanahoria y paja por cabellera. Multimillonario aunque menos. Amigo del monstruoso masha siberiano. El del ático dorado. El misógino racista. Hoy, a las 12, hora imperial, tomará posesión de su cargo para ser el cuadragésimo quinto (45º) presidente de los Estados Unidos de América y ahí se terminará todo. Lástima.
            Será el final de una época de paz y prosperidad como jamás haya conocido el ser humano. Sin guerras, sin amenazas nucleares, sin pobreza ni desigualdad, sin racismo. Será el fin de “la Era” con mayúsculas. Y eso acojona, lo reconozco. Con Trump volverá todo lo malo del mundo y olvidaremos los éxitos de sus predecesores. No recordaremos Irak, Libia, Siria. Ni a Allende, ni la Contra nicaragüense, ni Vietnam. Añoraremos la guerra de las galaxias. La de Reagan, que las de Lucas siempre vuelven a casa por Navidad. Nos olvidaremos de aquel primer presidente negro que le precedió y con el que terminaron los crímenes racistas de la policía. Hoy a las 12 horas será el fin del mundo y a mí me pillará currando.
¡Vaya por Dios! Al menos podían haber tenido la deferencia de hacer la investidura en domingo, con los centros comerciales abiertos y tal. Y la pregunta siguiente es saber a qué hora declarará la Guerra, la grande, la con mayúsculas, esa que nadie quiere. Motivo por el que durante los últimos años se han aumentado los gastos militares en todo el mundo, para evitarla. Cómo para evitarla están muriendo, solos y sin ayuda, diplomáticos rusos, y se llenan de tanques las fronteras orientales de Europa.
Trump es  lucifer, luzbel, belcebú, el maligno, el leviatán, satán, el demonio, el diablo, y aquí huele a azufre que dijera el digno comandante en el estrado de las Naciones Unidas, después de hablar el Santo Bush. Y todavía no ha empezado su mandato y yo ya echo en falta a Nikita khrushchev aunque sea políticamente incorrecto hablar de la URSS.

Sea como fuere, está claro que Trump no puede ser santo de la devoción de nadie, pero yo, ¡qué queréis que os diga! No me siento ni más ni menos intranquilo. Que el mundo se va a la mierda no es algo que no sepamos todas aquellas personas que estamos decididas a cambiarlo. Y para quienes quieren seguir por estos derroteros el verdadero riesgo son los buenos, aquellos que luchan toda una vida y son imprescindibles. Trump no es sino el resultado de un cocktail explosivo que ellos mismos han preparado. Al igual que Hitler lo fue de su tiempo. Y ya lo dijo Durruti, para acabar con el fascismo hay que derrotar a la burguesía. Pero bueno, qué voy a saber yo si soy parte de esa inmensa minoría que no tiene voz, porque hace tiempo que nos la han robado.